Me he hecho mucho de rogar con está crítica, pues la vi de estreno y hasta ahora no me he dignado ha dar mi opinión. Pero no os confundáis, no es ni mucho menos porque no tenga absoluta y rotundamente claro que es una obra maestra de ingenieria en imágenes. Lo extraño del asunto es que
Origen es tan condenadamente buena, que realmente no sabía como enfocar mi crónica...
Lo curioso es que sigo sin saber como hacerlo. Cualquier cosa que diga es poco, demasiado pobre o limitada para expresar las sensaciones que experimenté durante la proyección, quiza por esto me resulta tan difícil escribir esta entrada. Así que se me ocurre narrarlo como ocurrió...
Para empezar, en mi vida había visto en una sala de cine una reacción similar. He presenciado aplausos, vitores, abucheos, gritos, gente saltando de los asisentos, pero en mi vida y va camino de 23 años yendo a salas de cine, he visto una sala tan llena y a la vez tan silenciosa durante 148 intensos e inspiradores minutos. Esa fue la primera sensación indescriptible que experimenté, el primer signo de que algo espectacular estaba a punto ocurriendo.

Lo cierto es que la trama está perfectamente clara en todo momento, no te pierdes ni te quedas como un bobo sin saber que está pasando; a lo largo de toda la historia eres consciente del proceso, entiendes lo que ves aunque no alcances a abarcar con tu mente lo grandioso de lo que estás viendo. Mientras, se te quedan grabadas en la retina escenas que en mi humilde opinión son lo mejor que se ha hecho en el cine (no exajero ni un apice), vas siendo poco a poco consciente de que aunque parezca imposible, no todo está inventado, no todo se ha hecho ya, y sólo queda adapatarlo; Christopher Nolan, nos ha demostrado que él tiene mucho que decir al respecto de las cosas que aún no se han dicho.

Todo está dibujado con una precisión sobrecogedora. Llos personajes, el trabajo de los actores es secillamente magistral, todos están soberbios, pero si he de elogiar hasta el histerismo a alguien, sería sin duda a
Marion Cotillard que no deja de asombrarme en cada película que la veo, incluso destaca en esa bazofia llamada Nine; en la que nos ocupa, su complejidad y su vulnerabilidad son tan patentes que casi las puedes tocar. La narración, la música (ni un solo minuto sin música), la coreografía de cada escena pues el film es como un gran baile... Todo es sencillamente perfecto, calculado al milimetro hasta el último minuto. No os sorprendáis al daros cuenta de que el
Origen de la idea, el objetivo de esa semilla germinando para luego crecer por si sola en la mente y convertirse en una idea firme y obsesiva, no es sólo
Cillian Murphy, sino nosotros mismos.
¿Sueño o realidad? Juzgad vosotros mismos... El Origen ya está arraigado.


Nolan tiene, posiblemente, una de las mejores trayectorias del panorama cinematográfico actual, y dejándose llevar por la intuición, el riesgo y una mente tremendamente privilegiada, nos muestra su mejor película hasta la fecha, y viniendo del director de Memento, esto es algo a tener muy en cuenta. Te pone los pelos de punta pensar en lo siguiente que haga...
Toda la película es una gran sorpresa, las sensaciones que experimentas, el llevarte las manos a la boca para tapar esa gran O que se te forma en la cara; sin duda, una experiencia hasta la fecha única que merece la pena vivir.